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Abril: Mes del niño, la niña, la niñez

¡Feliz día del niño!

Muchos hemos sido destinatarios o pregoneros de esa frase a lo largo de nuestras vidas. Yo recuerdo con mucho entusiasmo esa época en la que mis obligaciones eran estudiar y portarme relativamente bien. Esas dos condiciones me permitían disfrutar las tardes – después de hacer la tarea- jugando con mi hermana y los amigos de la cuadra, con mis primos, o con niños que no conocía en alguna fiesta infantil. Tiempos felices.

Tal vez, a muchos de ustedes les suena familiar este recuerdo o les trae a la mente su propia niñez, adaptada a su propio entorno. Quizá no todo fue tan fácil, pero, en general, disfrutaron jugando y siendo, pues, niños. O a la mejor no. Quizá su infancia no fue esa, quizá tuvieron carencias afectivas o económicas que hicieron su niñez más difícil. O tal vez su trabajo o circunstancia actual los ponga cerca de niños y niñas que viven en condiciones muy duras y les resulte difícil o doloroso comparar su niñez con lo que ven ahora, con esa otra realidad.

Esa otra realidad

Según el UNICEF, entre el día de hoy y el 2030, 69 millones de niños y niñas van a morir por alguna causa evitable. 124 millones de niños y niñas no asisten a la escuela y no cursarán la educación primaria ni la secundaria. Y 750 millones de niñas se habrán casado en algún lugar del mundo siendo aún, exacto, niñas.

En México también tenemos motivos para preocuparnos – o para ocuparnos. Según el CONEVAL, en 2018 prácticamente la mitad de los niños, niñas y adolescentes del país vivían por debajo de la línea de pobreza. En 2020, el Coneval cambió su metodología, pero sus datos no arrojaron una realidad muy distinta, si acaso ligeramente peor: más del 50% de los menores de 18 años del país padecían algún grado de pobreza. Y luego vino la pandemia.

Según una encuesta realizada por UNICEF y EQUIDE de la Universidad Iberoamericana, una de las afectaciones más graves del Covid19 fue en los ingresos familiares, con uno de cada 3 hogares con niños padeciendo inseguridad alimentaria moderada o severa.

En cuestión educativa el escenario también empeoró. Más de 25 millones de niños dejaron de asistir a la escuela cuando éstas cerraron como medidas de protección sanitaria. Quienes pudieron, lograron que sus hijos se conectaran a alguna plataforma en línea para aprender desde casa. Pero la gran mayoría no tuvo esta oportunidad.

La violencia en casa también se incrementó, siendo las mujeres y niños las principales víctimas. Y a pesar del confinamiento, la migración no se detuvo. En 2021 más de 11, 500 niños y adolescentes, principalmente provenientes de Centroamérica fueron detenidos por las autoridades migratorias mexicanas y más de 12,500 menores mexicanos fueron repatriados desde Estados Unidos.

¿Qué hacer?

Lo primero es no mirar para otro lado. El problema no es tuyo, tú no lo generaste y no lo vas a resolver completamente. También has enfrentado tus propias complicaciones y eres responsable del bienestar tuyo, quizá también del de otras personas. La pandemia te dejó sin trabajo o redujo tus ingresos. Tu salud puede estar mermada o no tienes tiempo, aunque te encantaría ayudar. Es entendible. Y está bien. Pero el problema sigue ahí y esos niños siguen padeciendo.

Por eso, si decides contribuir de algún modo, te invito a que lo hagas ahora en abril (y aún mejor si continúas el resto del año). Tu esfuerzo puede hacer que en 2022 un niño o niña, en algún lugar, tenga un (más) feliz día del niño.

En Sumando Hacemos + puedes encontrar una lista de organizaciones que apoyan a la niñez desde distintos frentes: salud, alimentación, educación o promoción y defensa de sus derechos. Y también puedes sumarte a alguna campaña de recolección y donación para instituciones sin fines de lucro. Normalmente los donativos son en especie. Pueden ser juguetes, libros o ropa que tus hijos, sobrinos o vecinos ya no usen y que otros necesitan y no pueden comprar.

Del modo que quieras o puedas, tu involucramiento es trascendental. No pienses que tu esfuerzo es muy pequeño para transformar al mundo. Piensa que tu esfuerzo es más que suficiente para transformar el mundo en el que vive -y sueña- un niño o una niña en el país.

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