Sumando Hacemos +

El año está llegando a su fin. Y con este cierre, muchos de nosotros sentimos ganas de ayudar, de contribuir a alguna causa con la que nos identificamos o que nos parece justa, valiosa o importante. Sin embargo, decidir exactamente a qué causa apoyar no es tan sencillo. ¿Cuál es la situación real de esta o aquella organización sin fines de lucro (OSFL)? ¿Cómo puedo saber si tiene la capacidad de usar el recurso que aportó para generar un cambio? ¿Cómo distingo entre una organización y otra? Contestar estas preguntas puede resultar un reto enorme.

En Sumando Hacemos + estamos comprometidos con la evaluación. Para nosotros, encontrar una manera de distinguir entre organizaciones, encontrando sus fortalezas y apuntalando sus áreas de oportunidad es fundamental. Por eso, hemos desarrollado un sistema que nos permita clasificar a las organizaciones según criterios claros y medibles. Ojo: Este sistema evalúa sus características, no las califica. ¿Por qué la distinción?

Según la Real Academia de la Lengua Española, evaluar es estimar o calcular el valor de algo, mientras que calificar es juzgar el grado de suficiencia o insuficiencia de conocimientos o cualidades. Cuando uno califica una organización puede obtener como resultado una fotografía que indique que es una “buena”, “regular”, o “mala” organización. Evaluarla, por el otro lado, nos permite obtener una radiografía para generar estrategias que ayuden a mejorar su gestión. 

Atendiendo a las mejores prácticas en el sector, hemos desarrollado una clasificación que reconoce las capacidades y fortalezas de las OSFL y las agrupa en una escala de cero a cinco estrellas. Esta escala incorpora la información hecha pública por las propias organizaciones en áreas fundamentales para su actuación. 

Nuestro modelo nos permite evaluar si la organización presenta con claridad su misión y visión y si sus objetivos y programas están alineados correctamente con ellos. También nos permite conocer cuál es su grado real de transparencia y rendición de cuentas y su fortaleza institucional, es decir, qué tan arraigadas están sus prácticas de buen gobierno. Este modelo también considera el tiempo que la OSFL tiene de vida, su capacidad para generar ingresos propios y sus certificaciones, entendiendo que estas variables nos ayudan a conocer su grado de madurez institucional. 

En otras palabras y atendiendo a la distinción entre calificación y evaluación, nuestro modelo trasciende el simple resultado en el que una OSFL con cuatro estrellas es “mejor” que una con tres y media estrellas. Este modelo nos permite conocer qué fortalezas tiene cada una de esas organizaciones y qué áreas puede mejorar, contribuyendo así a la creación de un ecosistema filantrópico más robusto. 

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